PRT-ARGENTINA
Partido Revolucionario de los Trabajadores
Por la Revolución Obrera, Latinoamericana y Socialista "El deber de todo revolucionario es hacer la revolución" (Ernesto Guevara)

Tamaño de texto + / -28 de Octubre - 2017

PRT OPINA

INTERNACIONAL

La agonía del dólar y la desesperación imperialista

Desde hace tiempo venimos sosteniendo que en el escenario geopolítico mundial somos testigos de dos sucesos de relevancia que están en desarrollo: por un lado, la crisis de superproducción del sistema capitalista y, por el otro, una disputa interburguesa en la cual se enfrentan dos facciones de la burguesía: el capital financiero y el capital productivo-industrial.(Leer mas)

Imprime esta página - Tamaño de texto + / - Editorial - Enero - Marzo - 2018

EDITORIAL EL COMBATIENTE Nº 80

GRANDES ACONTECIMIENTOS EN LA HISTORIA EL MOVIMIENTO OBRERO

Queremos comenzar este editorial con una observación crítica: todos los analistas económicos escriben sus textos en jerga propia, algo inentendible, generalmente, para quienes no son avezados economistas. Así, nos van empaquetando con distintas explicaciones de medidas oficiales de los estados burgueses que sólo podemos deducir en concreto cuando el sueldo no nos alcanza para llegar a fin de mes. Desde estas páginas siempre tratamos no sólo de entender, sino de explicar las medidas que se toman, su vínculo con la política y la traducción de sus consecuencias en nuestra vida cotidiana.
Le llaman “dinero físico” a los bienes materiales tales como metales y piedras preciosas, tierras e inmuebles, petróleo y gas, etc. El papel moneda, tal como lo conocemos, es un símbolo que reemplaza esa materialidad. Cuando se celebró el Tratado de Bretton Woods, en 1944, se acordó que el dólar sería la moneda de intercambio internacional y que su respaldo sería el oro a una equivalencia de 33,33 dólares por cada onza troy de oro. Ese tratado ató a todo el intercambio internacional a la moneda de Estados Unidos y permitió su dominio y hegemonía con el paso del tiempo que se consumaría años después: el 15 de agosto de 1971, Richard Nixon, presidente de Estados Unidos desliga la paridad entre el dólar y su respaldo en oro, una medida que anunciaba como temporal y que nunca fue revocada. En 1973 Estados Unidos acuerda con la OPEP y Arabia Saudita que la venta de petróleo sólo se haría en dólares a cambio de protección militar. Desde entonces, la moneda norteamericana se respalda, teóricamente, en el petróleo y no en oro. Sin embargo, el dólar después de las sucesivas crisis del sistema ha ido perdiendo su hegemonía y por ello se han desatado varias guerras con quienes se atrevieron a realizar su intercambio internacional en otras monedas o canastas de moneras. Así surgió la guerra de Irak, por ejemplo.
Todo este preámbulo es para llegar a nuestros días en que algunos economistas auguraron, en abril de este año, grandes catástrofes económicas para los países del mundo. Efectivamente, Keith Neumeyer, director ejecutivo de First Majestic Silver y First Mining Gold, sostiene que los gobiernos emiten dinero en exceso (sin respaldo) y que la banca internacional ahora se dedica a acumular “dinero físico” especialmente oro. Esa catástrofe se expresa en guerras comerciales, aumento de tarifas, de los tipos de cambio y tasas de interés y la caída de las ventas minoristas, a la vez que se incrementa el endeudamiento externo. Eso es lo que ya pasa en nuestro país y muchos otros del resto del mundo que camina con más prisa que pausa hacia la bancarrota general.
Frente a ese capitalismo en crisis, azotado por las pugnas interburguesas, donde los países imperialistas son los más cercanos a esa bancarrota y teniendo en cuenta que la moneda hegemónica a nivel mundial tiene los días contados, la situación nacional no puede ser ajena al vendaval internacional y se ve acorralada por ella. Argentina es un país en crisis por donde se lo mire: política, económica y socialmente. El estado ve caer sus arcas frente a un mercado internacional que no se hace eco de lo que hace unos años fueron commodities; el Banco Central no logra dar pie con bola con sus intervenciones en el mercado de divisas, ante a una inflación galopante, mientras busca siempre beneficiar al sector asociado a la burguesía financiera imperialista y sus socios locales. Entre lo que pasa acá y allá, cada vez queda más claro que la burguesía no tiene soluciones para nosotros y al parecer, tampoco para ella.
Nuevamente estamos viviendo las consecuencias de las mentiras de la clase dominante respecto de las bondades del liberalismo económico.
La burguesía financiera al mando del poder del Estado, por medio de sus instituciones financieras, por estos días ha realizado ganancias millonarias y  extraordinarias a costa de una poderosa transferencia de recursos de los más pobres a los más ricos con una devaluación enorme de la moneda argentina ante la suba creciente e imparable del dólar.
La inflación descontrolada deviene en estanflación (inflación y recesión económica), la estampida del dólar desató una serie de “medidas paliativas” como el aumento al 40% las tasas anuales y la intervención del Banco Central en el mercado para contener la disparada de la moneda estadounidense, dilapidando en menos de quince días 9 mil millones de dólares de las reservas.
En una maniobra digna de una película de terror, de un día para el otro, el que se haya disparado el precio del dólar significó para el sector minúsculo de la sociedad que posee capitales en dólares, un aumento de su capital entre un 20 y 30% sin hacer nada, sin moverse ni producir, mientras se condenaba al resto del pueblo a una nueva devaluación encubierta en una coyuntura económica ya bastante angustiante por los tarifazos, las paritarias muy por debajo de la inflación, los despidos y las suspensiones…
Los bancos, como instituciones de bandera del capital financiero, fueron los grandes beneficiarios nuevamente, ya que tal maniobra significó un traslado de capital a bajo costo desde la banca pública a la banca privada; en síntesis, compraron a bajo costo y después vendieron el dólar a valores por las nubes. Todas las patrañas escritas por la prensa burguesa respecto de la gran demanda de dólares y el lanzamientos de 1.500 millones de dólares al mercado por parte del BCRA, no son más que variables de análisis de burgueses a sueldo que buscan por medio de pomposos argumentos disfrazar y tapar la nueva estafa al pueblo realizada por un sector de la burguesía, siempre a costa de nuestro trabajo. Pero no todo es gratis en esta vida: políticas económicas como éstas tienen sus contrapartidas -y muy graves- como para sostener la economía de un país a flote después de haber sido financieramente esquilmado. Así es que no tardaron en aparecer varias publicaciones en el extranjero (Forbes, The Economists y Wall Street Journals) respecto del futuro trágico inmediato de la economía argentina, crónica de una muerte anunciada de un país ya vaciado y en el cual la fuga de capitales al extranjero viene en ascenso.
Una economía que no produce, con alta e indetenible inflación, en recesión y sin consumo interno, que no logra colocar sus productos dentro del mercado internacional y, mucho menos, captar inversiones ni créditos para la producción en el extranjero, a la corta o a la larga, siguiendo de esta manera, terminará colapsando y más si la burguesía pretende vivir de la rapiña como viene quedando a las claras en el último tiempo.
En el supuesto martes negro que llegaría con el vencimiento de los Lebacs festejaron cuando todos los tenedores de bonos renovaron y no los largaron al mercado. Lo celebraron como si hubiera sido una causa nacional y justa, una batalla ganada, pero se olvidaron que eso no fue a cambio de nada, sino de una tasa exorbitante del 40% anual que, cuando venzan, deberemos pagar nosotros con más recesión y que por esa suba lo pagaremos mucho más caro que antes que comenzara la timba del dólar.
Anuncian como gran avance el pedido de un nuevo préstamo al FMI como si fuera la mentada lluvia de inversiones y no una soga al cuello que traerá aparejado un ajuste sangriento sobre trabajadores, derechos laborales, jubilaciones, obra pública, planes sociales, presupuesto para salud y educación. Los argentinos ya conocemos qué significa un préstamo del Fondo Monetario Internacional. Y si ya estábamos en manos de un puñado de sanguijuelas, ahora estaremos en manos de la fábrica internacional de sanguijuelas.
Sin embargo, de la misma clase explotadora, ya se escuchan las voces disidentes respecto de las políticas económicas llevadas adelante por el gobierno. Lo que hasta ahora eran murmullos, de a poco y frente a una economía que ya no da para más, empiezan a perder de vista a los enemigos fantasiosos del PRO y comienzan a darse cuenta de que por este camino están más cerca de la ruina que ellos mismos auguraban, que del éxito. Tanto pequeñas como medianas empresas subsidiarias de servicios de las grandes empresas, como así también estas últimas, junto con las economías regionales y algunos sectores del campo, vislumbran que no existe una política real para ellos y que sólo se benefician casos puntuales de acuerdo con la cercanía al partido gobernante: para la UIA, que aún elige no enfrentarse con el gobierno, “la paciencia tiene un límite” y es lamentable que siga la timba financiera. "Estamos muy preocupados por la situación, esperando que pase la tormenta para seguir pidiendo un modelo de desarrollo industrial" sostuvo un empresario de las economías regionales pero, por ahora, todas las críticas quedan en bambalinas y todos saben que el desarrollo industrial sólo está en sus cabezas porque en los planes del gobierno no ocupan ningún espacio de su agenda.
Pero el robo de la burguesía a la riqueza que generamos no termina acá. La lista es larga y los tarifazos son también relevantes, porque si sumamos las paritarias no cerradas o aquellas que sí lo hicieron muy por debajo de cualquier inflación que tomemos como referencia, queda expuesto que los CEOs que manejan al país están pensando únicamente en ver crecer sus billeteras sin ningún tipo de miramientos por la situación de miseria a la que condenan al pueblo.
Mientras, en el congreso se monta un circo para crear una ley que haga frente al tarifazo y aparecen voces con discursos rimbombantes más pensados en candidaturas a futuro que comprometidos con nuestras necesidades. El gobierno ya amenazó con vetarla, lo cual no sólo pone de manifiesto la parodia de democracia en la que vivimos, sino que también vuelve a exponer la crisis que atraviesan las instituciones de la burguesía para hacer frente a demandas básicas de la sociedad, hecho que ya quedó muy claro cuando se aprobó de madrugada y después de días de una represión salvaje y con amenazas de decretazo de por medio, la ley de reforma previsional. Cada nuevo paso que da este gobierno en contra del pueblo es un paso más hacia el abismo.
El envío “en cuotas” de la ley de reforma laboral es una manifestación más de lo ya dicho: Cambiemos es un gobierno que no muestra fortalezas, sino más bien debilidades, y que teme el costo político de llevarlo adelante justamente después de la experiencia que obtuvo con el rechazo social a la reforma previsional. Aun así, prioriza sus ganancias exorbitantes por sobre el control de los conflictos, muy cercano a lo que sería un suicidio político, por lo que parte de la burguesía empieza a mirar con malos ojos a la tan mentada “Revolución de la Alegría”. Mucho más ridículo y expuesto queda el gobierno al pensar que con el mundial de fútbol logrará hacer pasar por el congreso una reforma laboral que arrasa con conquistas históricas de los trabajadores sin que eso le signifique algún tipo de daño. No hacemos futurología, pero están jugando con fuego al subestimarnos de tal manera.
Párrafo aparte merecen los dirigentes sindicales traidores, cómplices de cada acción política de este gobierno de empresarios. Da asco verlos cenar con ministros y representantes de cámaras empresarias, vendiendo la sangre de cada uno de nosotros por migajas. No faltará mucho para el día de ver rodar sus cabezas, porque el enojo por su falta de llamado a un plan de lucha es cada día más contundente y llegará el momento en que tendrán que elegir estar con los trabajadores o en su contra. Hasta ahora están en nuestra contra y las palabras que se llevó el viento sobre su supuesto rechazo a la reforma laboral más parecen una función de títeres que la posición clara de los representantes del proletariado.
El descontento crece y, como un fantasma, vuelven las reminiscencias de diciembre de 2001 mientras el gobierno se sigue manejando con ceguera y como si todavía tuviera en su favor el capital político de diciembre de 2015, cuando contaba con amplio consenso y cuando quienes lo votaron ponían en él toda la confianza para un “cambio” que creían que sería positivo y de progreso. Nunca llegaron la lluvia de capitales ni tampoco las bondades del segundo semestre y, mucho menos, la pobreza cero. Todo eso ha hecho caer la imagen no sólo del gobierno, sino del presidente. En este contexto actúan con el autismo y la soberbia de quienes son absolutamente insensibles a lo que provocan con sus decisiones políticas. El cinismo de todos y cada uno de los funcionarios es espeluznante y quien crea que son una manga de inútiles están equivocados, ellos están haciendo muy bien lo que vinieron a hacer: esquilmarnos lo poco que nos quedaba, los aumentos jubilatorios medianamente dignos, las conquistas laborales, los salarios, la salud y la educación públicas. Vinieron a esto, a dejarnos sin nada.
A pesar de este panorama desolador, el descontento no termina de cristalizarse en una acción colectiva y contundente porque falta organización y unidad en el campo popular. Cada lucha se encuentra sectorizada: los docentes por un lado y los estudiantes por otro; los despedidos y suspendidos en cada puesto de trabajo; los que resisten a la megaminería y a los agrotóxicos; los que rechazan los tarifazos; las que luchan por el aborto seguro, legal y gratuito; los que pelean por sus tierras; los médicos y la falta de insumos y medicamentos para pacientes terminales y la lista podría seguir hasta nombrar a cada uno de los sectores que conforman esta sociedad, porque la destrucción es total, sin excepción: TODOS somos condenados a la barbarie macrista que no es otra que la barbarie capitalista. Existen esbozos de limar asperezas y priorizar semejanzas antes que diferencias para llevarse por delante a dirigentes traidores y vendidos y salir a pelear contra el ajuste. Como todo principio, nuestras herramientas son precarias, pero mientras avanzamos y hacemos la experiencia nos muniremos de las necesarias para lograr enfrentar en mejores condiciones a nuestro enemigo.
De nuestra parte no queda más que el rechazo y repudio sistemático a cada una de las medidas aplicadas por este gobierno de ricos para ricos. Organización y lucha tiene que ser nuestra consigna de cabecera. El enemigo está envalentonado y no registra el descontento popular que genera con cada una de sus políticas, cualquier motivo funciona como chispa para encender el rechazo y descontento popular, aunque todavía no llegue a llamarada. El gobierno no dimensiona que la respuesta a su violencia no podrá ser otra que la misma dosis de la violencia que cada día hace caer sobre nuestras vidas. Justamente es eso lo que parte de la burguesía va querer evitar: la pérdida de su tan amada gobernabilidad. Nosotros tenemos muy clara aquella frase de Marx: “La violencia es la partera de la historia” y aunque quisiéramos que las opciones fueran otras, poco a poco nos han ido acorralando hasta la desesperación. Queda en nosotros aunar nuestras fuerzas, ver que nuestra unidad y organización es la mejor arma que tenemos y que ése debe ser el camino que debemos emprender para evitar las penurias a las que la burguesía quiere seguir sometiéndonos, y encontrar en nuestras fuerzas las razones para pensar en un futuro distinto para los nuestros, sin miseria ni explotación, donde el producto de nuestra fuerza colectiva sea para nosotros y no para quienes viven de nosotros.
Como partido vemos imperioso insistir sobre 6 puntos programáticos que funcionen como punta de lanza para aunar nuestro descontento:

  1. Ruptura de los pactos políticos, militares y económicos con el imperialismo.
  2. Hermandad latinoamericana.
  3. Defender las garantías constitucionales.
    1. Derecho al empleo, a la vivienda, a la educación y a la salud.
    2. Respeto a la libertad de expresión.
  1. Derogación de las leyes anti obreras
    1. Cese del pago de la deuda externa.
    2. Derogación de las leyes de flexibilización laboral.
    3. No a los despidos y suspensiones.
    4. Aumento salarial del 50%.
    5. Derogación del impuesto a las ganancias.
    6. Derecho al trabajo digno.
    7. Libertad de agremiación y respeto al derecho a huelga.
    8. Derogación de todos los tarifazos.
  1. No a la represión.
    1. Derogación de la Ley Antiterrorista.
    2. Cese del gatillo fácil.
    3. Desmilitarización de las fuerzas de seguridad.

Este 25 de mayo el Partido Revolucionario de los Trabajadores cumple 53 años de existencia, con la interrupción venida de manos de aquéllos que no estuvieron a la altura de la necesidad no sólo del pueblo, sino de sus compañeros en campos de exterminio, cárceles federales, insilio y exilio. Para ellos, los traidores, nuestro eterno repudio y desprecio. Para nuestros compañeros, nuestro eterno agradecimiento y reconocimiento por ser los mejores, los más valientes, los más honestos, los más sensibles y comprometidos con la causa del pueblo.

Continuamos aquella senda marcada con sangre por nuestros héroes, compañeros que quedaron en el camino dejando su vida convencidos de que la única salida es la Revolución Obrera, Latinoamericana y Socialista. Festejaremos la existencia de ellos y la nuestra, porque en la larga lucha de clases el PRT ha sido faro y ejemplo, porque cada uno de nosotros asume convencido el compromiso de luchar por nuestra liberación del yugo. Festejaremos nuestra existencia y la de nuestros antecesores, porque un día 25 de mayo de 1965 se propusieron hacer nada menos que la Revolución.

A nuestros caídos ¡HONOR Y GLORIA!

A nuestros compañeros ¡A SEGUIR!

A nuestro pueblo ¡SALUD Y REVOLUCIÓN!

A vencer o morir por la Argentina.

 

Por Amanda Cánepa - Francisco Pequernero