Partido Revolucionario de los Trabajadores
Por la Revolución Obrera, Latinoamericana y Socialista "El deber de todo revolucionario es hacer la revolución" (Ernesto Guevara)

Tamaño de texto + /8 de Diciembre - 2022

NACIONAL

LA JUSTICIA BURGUESA Y EL VELO DEL FASCISMO EN CIERNES

En los últimos tiempos, el mundo atraviesa rápidos cambios geopolíticos que influyen en la política interna del país. La profundización de las contradicciones inherentes al desarrollo del sistema capitalista ha convertido al planeta en una zona de disputa. La batalla política, económica y militar que libra la decadente burguesía financiera occidental (EEUU y Europa) contra las nuevas potencias emergentes como China y Rusia y sus socios del BRICS por el reparto de los mercados y áreas de influencia por el control de las materias primas y de los recursos estratégicos expresan en distintos niveles la puja por un nuevo reparto del mundo. Como en épocas pasadas, los viejos imperios venidos a menos van perdiendo su cuota de poder en manos de otros competidores que impulsan modificaciones acordes a sus intereses exigiendo un cambio de las “reglas”  de juego impuestas por el sector dominante. Como ha sucedido en etapas anteriores del capitalismo, cuando la crisis de superproducción se vuelve patente, la rivalidad entre los bloques enfrentados se agudiza día a día y se “rompen” y violan todos los parámetros conocidos. Es la batalla entre  lo viejo que se resiste a morir y lo nuevo que no termina de nacer.

El contexto actual señala una tendencia insoslayable: la lucha por la hegemonía mundial entre dos propuestas dentro del mismo yugo capitalista. De un lado, el antiguo orden unipolar del gendarme norteamericano y sus vasallos sostenido en la lógica del garrote y la zanahoria. Del otro, el potencial orden multipolar comandado por el tándem ruso-chino que ofrece nuevas posibilidades comerciales y una base material de negocios con cierta “igualdad” para los estados de los países que se sumen a ese nuevo modelo político de negocios.

En ese escenario, la burguesía financiera norteamericana y occidental, en su afán de retrasar el cambio de mando inevitable, propaga y respalda descaradamente la forma de gobierno que se corresponde con su nivel de concentración del poder económico: el fascismo. No es ninguna casualidad el resurgimiento y auge de partidos nacionalistas con rasgos xenófobos y anticomunistas que, entre sus características principales, se declaran abiertamente fascistas en su intento de seducir a las masas “desencantadas” con el progresismo burgués. Estos “nuevos” partidos nacidos al calor del hastío generalizado de los pueblos por el empobrecimiento paulatino tienen el objetivo de garantizar el disciplinamiento social y quebrar cualquier tipo de resistencia a la política de los dueños del poder que recortan los derechos sociales y laborales ganados por los trabajadores del mundo.

El fenómeno notable del ascenso del fascismo a nivel global tuvo su punto de partida con el republicano Donald Trump en EEUU. Ya sea en Argentina con Mauricio Macri (Cambiemos),  en Italia con Giorgia Meloni (Hermanos de Italia), en Francia con Marine Le Pen (Agrupación Nacional), en Polonia con Andrzej Duda (Ley y Justicia), en Brasil con Bolsonaro o en Ucrania con el genocida Zelensky, la plaga del fascismo se propaga por todos los rincones del mundo. Más allá de los nombres y los discursos, todos ellos tienen algo en común: su fiel respaldo a la política de la Casa Blanca dirigida contra el orden multipolar ruso-chino. Todos ellos son financiados y sostenidos por el Tío Sam con el único objetivo de bloquear, trabar, obstaculizar y detener el crecimiento de un modelo antagónico a sus intereses. Y ahora, como un eslabón más de la misma cadena, tenemos el golpe de estado en Perú que derroca a Castillo, otro presidente constitucional volteado como antes Evo Morales en Bolivia o Dilma Rousseff en Brasil.

En ese sentido, Argentina no está exenta del enfrentamiento mundial que hay en juego. Por eso es necesario señalar las diferencias existentes en el seno de la clase dominante. Un sector de la burguesía local aspira a integrarse al bloque ruso-chino  ingresando al BRICS y apostando a un modelo en ascenso. En cambio, el otro sector históricamente ligado al imperialismo norteamericano, a lo más concentrado de las finanzas y el capital, al complejo agroexportador, a la Sociedad Rural y, por ende, parte del Partido Militar, no está dispuesto a permitir un cambio en la orientación político-económica del país en detrimento de los intereses de la Casa Blanca. Esa diferencia de visiones y aspiraciones dentro de los dueños del poder tiene su correspondencia con distintos matices en los partidos burgueses locales.

En el Frente de Todos la tensión interna de la clase dominante se manifestó en la tibieza política del Presidente Alberto Fernández para tomar un rumbo concreto. Por un lado, mantuvo las relaciones carnales con EEUU acordando el pago de la ilegítima deuda con el FMI pronunciándose, también, en favor de Ucrania en el conflicto con Rusia;  mientras, por otro lado, pedía ser miembro del BRICS o se aprovechaba de las vacunas otorgadas por el gobierno ruso. Su intento de conciliación permanente en el choque de intereses de la burguesía y su tercera posición en la política exterior terminó relegándolo a segundo plano. Para mal de muchos y bien de pocos, su mala gestión de gobierno permitió la llegada del amigo fiel de la embajada norteamericana, Sergio Massa, quien reforzó los lazos y mantuvo las directrices ordenadas por Biden. Sin embargo, un sector de la burguesía nativa ligada al peronismo comandado por la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner no renuncia a la oportunidad de alinearse bajo el modelo multipolar. Debemos recordar que durante el gobierno de Cristina Fernández comenzaron las tratativas de negocios con China y Rusia para convertir a la Argentina en un actor de influencia regional y fue, justamente, ese vínculo lo que permitió que nuestro país fuera uno de los primeros en recibir la vacuna rusa cuando todas las demás vacunas occidentales se repartían entre los países del primer mundo. Ese desafío que siempre chocó con los designios de la Casa Blanca y los intereses del partido militar es lo que no le perdona a la dirigente la clase del capital más concentrado del país, una de las razones políticas del odio y la persecución judicial de la que es objeto desde que terminara su último mandato. Le pese a quien le pese, no podemos dejar de señalar que la vicejefa de gobierno tiene un arraigo en amplios sectores del campo popular y detrás de ella se embanderan muchos sueños y aspiraciones de los trabajadores y el pueblo en general. Su mínimo piso de entre 30 y 35% de votantes y seguidores leales es motivo de preocupación para sus rivales directos y sostén del odio de los sectores reaccionarios que miran a cualquier dirigente populista como un cáncer al que hay que extirpar de raíz.

Si ayer fueron los perversos promotores del “Viva el cáncer”, hoy son los financistas de un grupo de lúmpenes que se atrevieron a intentar asesinar a una vicepresidente, hecho gravísimo que debería preocuparnos porque implica la más abyecta impunidad con que se mueven estos sectores reaccionarios.

Cuando los dueños del poder no pueden resolver sus disputas interburguesas en el ámbito político de la farsa democrática, utilizan otros medios. El poder judicial, como bien sabemos los trabajadores, es una herramienta de la clase dominante para defender su propiedad privada, imponer sus leyes y sus privilegios sobre nosotros. La casta judicial no es neutra como quiere engañarnos nuestro enemigo, sino parte del mismo estado burgués con el que legitiman su poder sobre el pueblo y los trabajadores. No hace falta buscar muchos ejemplos para comprender que la Justicia siempre falla en favor de los patrones, que protege las ganancias de los grandes empresarios, que obstaculiza los derechos básicos y elementales del pueblo, que criminaliza a los trabajadores y desocupados y persigue, sin excepciones, a los luchadores populares. En fin, la justicia argentina es parte del sistema y es partícipe necesaria de una clase que nos explota y oprime. Por tanto, no debemos creer en su “imparcialidad”, sino analizar profundamente cuáles son los objetivos e intereses materiales que defiende.

El partido Militar, reciclado y camuflado en Cambiemos, utilizó a sus jueces amigos y a su familia del aparato judicial para asestarle a su rival, Cristina Fernández, un golpe político. Siguiendo las recetas aplicadas contra los gobiernos populistas de la región, tomando el ejemplo del impechment a Dilma Roussef o la persecución a Lula Da Silva, la oposición política persiguió a la referente más convocante del movimiento peronista por el flanco más cuestionable de su gestión: la corrupción. Se inventaron varias causas en su contra y en ninguna de ellas  pudo comprobarse nada. Sin embargo, para la justicia, lo que se necesita no son pruebas, sino un chivo expiatorio, un ejemplo disciplinador para las masas, especialmente objeto de su odio, descalificadas de manera xenófoba y racista. Antes fueron los “cabezas negras”, ahora son las “negras que se embarazan por un plan”.

Ese es el contexto en que toma dimensión la sentencia judicial contra Cristina Fernández. No es inocente ni un detalle menor que la mujer que hoy se posiciona como un escollo para los planes regionales de la Casa Blanca y sus aliados locales haya sido condenada a la inhabilitación para ejercer cargos públicos. De esta manera, retrasan la posibilidad de un cambio de rumbo en las relaciones internacionales con vínculos comerciales con otros países establecidos con mayor igualdad y respeto, cortan de cuajo la “idea” de una nueva candidatura y elección de la dirigente más importante del peronismo y debilitan al sector popular enrolado tras su imagen. Con esta movida, la oposición le pega al oficialismo donde más le duele: en la figura que hoy aglutina a todos los espacios del Frente de Todos apuntando a debilitar su unidad. Pero, fundamentalmente, el golpe político al sector peronista liderado por la vicepresidente busca allanar el camino para la vuelta de Cambiemos, leal súbdito de EEUU y acérrimo enemigo del campo popular.

Es inocultable la hipocresía y el cinismo de la justicia que falla contra la vicejefa de gobierno mientras Mauricio Macri fue electo presidente con más de 140 causas abiertas en su contra, causas por las que nunca fue condenado a pesar de que eran escandalosas. Es una actitud canalla que a Cristina Fernández la procesen por defraudación al Estado cuando ningún funcionario de Cambiemos ha sido enjuiciado por la estafa de la deuda contraída con el FMI y la fuga de capitales de las reservas del Banco Central. La asimetría de la vara con la que mide la justicia burguesa desnuda abiertamente el carácter persecutorio y disciplinador del fallo contra la líder del sector mayoritario del peronismo. Sin lugar a dudas, éste fue el primer round de una batalla que se profundizará con el calendario electoral.

Como señalamos anteriormente, el fenómeno general del fascismo también tiene su brazo en el país. El crecimiento de los libertarios de Milei, los halcones de Bullrich, Macri, Larreta y los crápulas de Cambiemos son una muestra de ello. La influencia de los mismos en amplios sectores del pueblo argentino es un ejemplo del avance político del fascismo y debe ser una señal de alerta para los trabajadores y todas las fuerzas del campo popular. El fascismo vernáculo es un aliado imprescindible de los planes imperialistas en la región. En ese aspecto, el fallo contra Cristina Fernández es parte de la política de nuestro enemigo de clase para eliminar cualquier tipo de oposición política utilizando todas las herramientas a su disposición.

Pero esa justicia es la misma que nos perjudica a los sectores más vulnerables: es la que falló en 2019 contra la Ley de Alquileres; la que aprobó la medida cautelar en favor de multinacionales como Telefónica en contra del decreto 690 que declaraba servicio público a las comunicaciones, cautelar que permite desde 2020 hasta hoy el aumento indiscriminado en los servicios de telefonía e internet; la que prorrogó por seis meses la cautelar en favor del multimedio Clarín para que aplique las tarifas que decida la empresa; la que, en 2021, autorizó a las prepagas a aumentar sus aportes por encima de los topes impuestos por el Ministerio de Salud; la que acaba de fallar en contra del estado para la reestatización de las autopistas manteniendo el pingüe negocio de los peajes en favor de las empresas privadas; la que con otro fallo favoreció a Mercado Libre para que nos estafen vendiéndonos un producto que no es el ofrecido y la empresa no sea responsable; la que en pleno gobierno de Macri autorizó el 375% de aumento en las tarifas nada menos que del agua; la que autorizó ¡30 veces! las cautelares de una empresa de neumáticos para aumentar sus precios, empresa que fuera denunciada por la Aduana por el uso abusivo del pedido de medidas cautelares que favorezcan sus ganancias; fue el corrupto y “viajero” al Lago Escondido juez Pablo Cayssials el que declaró ¡Inconstitucional! el acceso irrestricto a la universidad PÚBLICA; la que falló en contra del gremio de los trabajadores lácteos de la firma Lácteos Vidal legitimando el despido de 26 trabajadores; la que en Río Negro convalidó el despido de un trabajador en plena pandemia porque estaba “a prueba”; la que permitió que la AFIP se apropiara de los fondos INEMBARGABLES destinados al pago de haberes de los trabajadores de C5N; la que en decenas de casos incumple la ley impidiendo la decisión de las mujeres de practicarse un aborto y deja libres a violadores y abusadores; la que ante los precios topes del gobierno para alimentos y productos de primera necesidad da lugar a las cautelares presentadas por las empresas y permite, así, que los precios no tengan ni tope ni control ninguno.

Fue la Corte Suprema la que desfinanció en 60 mil millones de pesos a la justicia laboral, perjudicando a todos los trabajadores que litigan contra empresas explotadoras; la que en un escandaloso fallo desconoció los siete años que un trabajador del Hospital Alemán se desempeñó en ese nosocomio bajo relación de dependencia. Podríamos seguir con CENTENAS de fallos y cautelares que nos perjudican y MILES de otros fallos en favor de los poderosos y en contra de trabajadores y pobres. Y son ellos los que se reúnen para conspirar, como la escandalosa, torpe y repudiable reunión realizada en el sur en la que participaron el juez Julián Ercolini, del Juzgado Criminal y Correccional Federal Nº 10, denunciado por Cristina Kirchner como uno de los responsables de revivir irregularmente la causa de Vialidad Nacional por la que terminó condenada; Carlos Mahiques, juez de la Cámara Federal de Casación Penal; Pablo Yadarola, juez del Juzgado Nacional en lo Penal Económico Nº 2; Pablo Cayssials, juez del Juzgado Nacional de 1º instancia en lo Contencioso Administrativo Federal Nº 9 responsable de varios fallos escandalosos como el de declarar inconstitucional el derecho a estudiar gratuitamente en una universidad pública; el actual Fiscal General de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Juan Bautista Mahiques, y Marcelo D'Alessandro, ministro de Justicia y Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires; el CEO del Grupo Clarín, Jorge Rendo; Nicolás Van Ditmar, administrador del inmueble de Lago Escondido perteneciente al magnate Joe Lewis; Leonardo Bergroth, exdirector de asuntos jurídicos, de la que fuera la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) y Tomás Reinke, publicista especializado en el campo digital y político, una caterva de corruptos que han tomado el poder judicial del estado como herramienta propia para manejar la política del país y defender los privilegios de una minoría poderosa.

Desde el campo popular tenemos que estar atentos y dar una firme batalla política e ideológica en el seno del pueblo para desarticular el fascismo en ciernes. De los trabajadores depende oponer una firme resistencia a las tretas, mentiras y acciones que lleva adelante nuestro enemigo de clase. Hoy van por ella mientras, al mismo tiempo, vienen por nosotros, los trabajadores y el pueblo. Y mañana, también vendrán. A no olvidarlo: nosotros siempre seremos la parte más finita por donde los poderosos cortarán el hilo.

 

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