PRT-ARGENTINA
Partido Revolucionario de los Trabajadores
Por la Revolución Obrera, Latinoamericana y Socialista "El deber de todo revolucionario es hacer la revolución" (Ernesto Guevara)

Imprime esta página - Tamaño de texto + / - Editorial - Febrero - Marzo - 2017

EDITORIAL EL COMBATIENTE Nº 74

GRANDES ACONTECIMIENTOS EN LA HISTORIA EL MOVIMIENTO OBRERO

No se puede analizar qué nos pasa si antes no consideramos, especialmente, en qué contexto mundial estamos insertos: debemos tener en cuenta que la clase dominante, la burguesía, atraviesa una crisis terminal, que no por ello es breve ni deja de extenderse en el tiempo. Todo lo contrario, desesperada, apela a lo que sabe para sostenerse como clase, gozando de todos sus privilegios y tratando de evitar su inexorable caída, su anunciada muerte. Ajustes, recortes y techos salariales, tarifazos, prebendas a los poderosos, exenciones de impuestos y regalías, subsidios y una justicia acorde a SUS tiempos para dictaminar en contra de los trabajadores sus recetas genéricas que se aplican en todos los países del mundo, especialmente en los más pobres. Así, lo vimos en Grecia y en España, en Europa, en Brasil a la cabeza de Latinoamérica, donde hasta apelaron a una figura dudosamente legal, pero claramente ilegítima, para cerrar negocios y voltear a una presidente. Poco le importa a la burguesía cuál es el títere de turno, si es más o menos populista, si es más o menos sanguinario, lo importante para su clase es mantener la tasa de ganancia a cualquier costo, como si con todas sus medidas tuviera alguna posibilidad de perpetuarse y evitar su desbarranque. La burguesía es padre y madre de la desocupación, el achique de los mercados, los cierres de fábricas, el empobrecimiento general y el hambre del planeta. En ese contexto llegó Macri a ejecutar en el país el genérico de los organismos mundiales de crédito, a rapiñar lo poco que queda y a garantizar el pago de la deuda externa y las ganancias de multinacionales asociadas con la burguesía local. No hay tal “dependencia”: la burguesía local está ASOCIADA con las empresas internacionales y si algo tienen en común es que ninguno tiene patria. No existe el capitalismo “nacional” con el que sueñan algunos: los grandes empresarios de este país que comparten nacionalidad con nosotros invierten sus capitales donde encuentran mayores ganancias. Les importa un bledo su lugar de nacimiento y origen y, a la hora de invertir, para ellos lo único que cuenta es dónde ganarán más con menor inversión, menor esfuerzo y mayor explotación.

¿Por qué hablamos de contexto? Porque explica mejor que nada las razones por las cuales ni llegó ni llegará la mentirosa promesa de “lluvia de capitales”, porque no llueve en ninguna parte del planeta ni siquiera en el país hegemónico, Estados Unidos, donde desde hace años arrasa la desocupación y la pobreza. ¿Por qué habrían de invertir en Argentina los mismos que no dudaron en trasladar sus capitales a Indonesia, Malasia, China, India, etc.?

Ante este panorama y la profundización de la crisis la única manera que encuentra la burguesía para sobrevivir es la rapiña sobre nosotros, los trabajadores y pobres del país. No está dispuesta a suicidarse y no nos referimos al títere del presidente Macri y sus lacras de Cambiemos, meros gerenciadores de los que realmente poseen el poder del capital, nos referimos a una clase poderosa, minoritaria y parasitaria, los verdaderos dueños del PODER. Debilitados, son totalmente conscientes de su inevitable caída y en el intento de ganar tiempo toman medidas para evitar que se torne insostenible la avanzada de nuestra lucha, la de los explotados. No están preocupados solamente por sus intereses de manera directa, sino que somos nosotros los que ponemos sobre ellos una preocupación adicional: nuestra movilización creciente y nuestro descontento los tiene sin sueño porque para realizar su ganancia NECESITAN legitimidad y, particularmente, gobernabilidad. No se realiza la ganancia en un país en el cual los trabajadores condicionan sus movimientos, se defienden de su avanzada. Nos necesitan de rodillas, hastiados pero quietos, hartos pero callados. De allí la importancia que tiene nuestro grado de organización y el logro de nuestra unidad. Avanzarán hasta donde los dejemos. Sus intereses y los nuestros son antagónicos y excluyentes y, en épocas de crisis de la clase dominante, se hace más visible esa contradicción entre ellos y nosotros.

Mientras nosotros aún no logramos organizarnos para darles batalla como necesitamos, ellos también están atravesados por luchas internas, interburguesas, enfrentados por los diferentes intereses que los mueven. Así, hay algunos que priorizan la rapiña a mansalva y otros que pretenden conservar la gobernabilidad y son más cautos. Todo se da a la vez.

El ajuste y los tarifazos eran medidas que inexorablemente iban a tomar en contra de nosotros, fuera quien fuera el títere de turno. Todo quedó servido para el gobierno ajustador. Y fue nuestro propio atraso en la conciencia de clase, nuestra propia ignorancia de nuestros intereses lo que llevó a una parte del proletariado a poner su voto para legitimar al actual gobierno. De nuestro propio seno salió el respaldo, nos guste o no, nos duela o no. Así, más de uno votó por “el cambio”, ingenuo y creyendo que ese cambio podría favorecerlo, darle la oportunidad de progresar. Pero el capitalismo, si algo tiene en este momento, es agotamiento: carece de salidas para garantizar ese progreso.

El desgaste de la burguesía es tal, que incluye hasta el borrar con el codo sus propias leyes, su legitimidad: decretos personalísimos firmados por un solo sujeto por encima de las leyes vigentes le dan marco a esa pérdida de la confianza en sus instituciones. Los decretos de necesidad y urgencia saltan por encima de sus corruptos diputados y senadores, por arriba de las leyes vigentes, pisotean su propia constitución, bastardean acuerdos internacionales como los de Derechos Humanos firmados alguna vez por el país con organismos internacionales. Es altamente significativo el informe del Departamento de Estado de los Estados Unidos criticando la corrupción de Argentina y cuestionando la tortura, los maltratos policiales, la manipulación política en la elección de los jueces y la arbitrariedad en la detención de Milagro Sala. Cuando un informe es realizado por el Departamento de Estado del imperialismo hay que leer entre líneas hacia adónde apunta: si de algo estamos seguros es que no es, precisamente, un voto de confianza… Lo mismo hizo Carter con la dictadura militar… Da para pensar cuál será el próximo paso de Estados Unidos, tan amigo de gestar impeachements o volteo de figuritas en su patio trasero cuando peligran sus negocios por inestabilidad política

El rey no está desnudo solamente, está desesperado. Lo que muchos ven como gestos de poder, en realidad, no son nada menos que expresiones de debilidad. Es en este marco que el poder judicial ha asestado varios reveses contra las posturas del ejecutivo, legitimando la paritaria de los bancarios, suspendiendo el aumento a los peajes, declarando inconstitucional el decreto de necesidad y urgencia de las ART u obligando a la gobernadora Vidal no sólo a pagar los días de huelga a los maestros, sino a RESPETAR EL DERECHO A HUELGA de los trabajadores. Pero así como unos denostan al ejecutivo, otros jueces le abren la puerta a la flexibilización laboral con fallos que le permiten descontar los días de huelga a la misma gobernadora. Las contradicciones y “libres interpretaciones” de la justicia laboral dejan al descubierto la politización de los jueces, la manipulación que el ejecutivo ejerce sobre algunos de ellos, la interna en el seno de la superestructura burguesa. Algunos no quieren quedar atados a las idioteces que recalientan el clima social, conocedores de que cuando se estira por demás un hilo el riesgo más cercano es que se corte. A todos les sobrevuela por encima de sus cabezas diciembre de 2001, saben perfectamente que trabajadores y pobres comienzan a organizarse, a salir a la calle, a dejar de pensar que “hay que darles tiempo”. Un sinfín de “arrepentidos” salen a tomar esquinas y rutas por los cortes de la luz, en favor de las demandas docentes, repudiando los despidos en las fábricas, denunciando los cierres de establecimientos.

Tanto se han acortado los márgenes de movimiento del gobierno que ni siquiera ha podido implementar el retrógrado Protocolo Antipiquetes, pergeñado por la otrora “revolucionaria” Patricia Bullrich, ésa que ha pasado por varios partidos políticos al son de su conveniencia y sus apetencias personales. Que teniendo a mano la Ley Antiterrorista que dejara servida en bandeja el gobierno anterior no sea usada, junto con el mamotreto antipiquetes, revela el desgaste, el miedo a que la situación no sea ni siquiera controlable con represión. El gobierno de Macri se empuja a sí mismo a una debilidad creciente. Con todas sus medidas anticonstitucionales e impopulares socaba su propia legitimidad y deja abierta la puerta a que el pueblo busque y le imponga la suya…

Las empresas de medios de comunicación lentamente le sueltan la mano y destapan los casos de corrupción, el resurgir de los trabajadores y obreros en las calles, el descontento de la pequeña burguesía e, incluso, el de algunas cámaras empresariales… cabal demostración de la debilidad de Cambiemos, horadado por sus socios radicales que no escatiman las críticas públicas que, a la vez, los dejan mal parados como los pusilánimes y funcionales que son. ¡Lejos ha quedado el radicalismo como partido supuestamente popular! Todos, sin excepciones, desnudan sus verdaderos intereses de clase y, también, su ineptitud y mediocridad.

El incierto panorama político se asemeja a una hermosa olla a presión a la que si no le sacan la válvula terminará estallando hacia no se sabe dónde. Nuestro límite es el hambre, cuando no hay nada que perder porque se lo ha perdido todo. Ellos lo saben y, desesperados pero ciegos, siguen arremetiendo contra nosotros, a medida que se despegan de la realidad. Después de los despidos encubiertos a través de suspensiones por nueve meses de General Motors y los cierres de cuatro plantas de Sancor y la láctea Cotapa, la Textil de Neuquén, las dos plantas de Alpargatas, Herzo S.A, Georgalos y Cerámicas San Lorenzo en San Luis, la empresa Fueguina Sociedad Anónima (IFSA) de Tierra del Fuego, la fábrica de llantas Mefro Wheels en Rosario, Atanor de Baradero, el frigorífico Frideco en Santa Fe, por nombrar algunas y considerando los miles de despedidos del estado, sólo despegados de la realidad un presidente y sus ministros pueden sostener que está creciendo el empleo, como si con su discurso alcanzara para meternos en una realidad inexistente y a la medida de sus necesidades. Pretenden tapar el sol con su dedo patronal sin percibir que nosotros estamos saliendo de nuestras sombras empujados por nuestras dignidad y necesidad. Únicamente así puede comprenderse el discurso del presidente en la apertura de sesiones ordinarias del congreso, únicamente considerando que vive en una burbuja que le impide ver que el margen con que contaba en diciembre de 2015 está llegando a su fin y que el agotamiento es peligroso para sus intereses.

Y también se despega de la realidad la CGT que ha sufrido el escarnio de sus pares en la multitudinaria movilización del 7 de marzo. Este hecho, sucedido hace pocos días, debe ser considerado especialmente: es sabido que el espacio detrás de cualquier palco montado por la CGT es reservado para su aparato, es decir, para aquéllos que le garantizan comodidad y seguridad, sus personeros rentados, sus delegados comprados y vendidos al mejor postor. Que desde esas bambalinas de sus propios adherentes y chupa medias les gritaran a viva voz “¡Paro general, paro general!” los ha dejado al descubierto como una de las centrales obreras más corruptas de la historia, a la vez que se develaron las propias contradicciones internas que atraviesan. Sólo ellos pueden creer que no son despreciados por el grueso de los trabajadores y, si se lo creyeron, es porque hace años que viven en su respectiva burbuja de negocios y traiciones, única explicación posible para subestimar a tal punto a su propia base. Hartos, hastiados e indignados, el grito de todos los trabajadores que por miles exigían fecha del paro frente al escenario se unificó en uno solo con los que estaban detrás. Nunca en la historia del movimiento obrero ni aún en las épocas de los canallas como Vandor o Triaca padre sucedió que les tomaran el palco, que los dejaran acorralados en la escalera de la que no podían bajar para huir como las ratas que son, que tuvieran que refugiarse en otro sindicato (la Federación de Empleados de Comercio) próximo al escenario para evitar ser linchados por una turba enfurecida contra semejantes sátrapas. A pesar de que eligieron el lugar como para taponar la llegada de las masas al escenario general del acto central, no pudieron evitar que 300.000 trabajadores los insultaran enfurecidos. La toma del palco por comisiones internas de la línea 60, despedidos de AGR y otros trabajadores muestran hasta dónde estamos hartos los que vivimos de vender nuestra única posesión en este sistema infame: nuestra fuerza de trabajo.

El cierre de más de 5.000 empresas, los miles de nuevos desocupados, el 1.500.000 nuevos pobres creados por “Cambiemos” ha traído un cambio, efectivamente, pero no aquél soñado por los que votaron a Macri, sino el que pergeñaron para nosotros las multinacionales y los empresarios locales asociados con ellas. De la cacareada “pobreza cero” a los despidos diarios y los cierres minuto a minuto de empresas y fábricas hay una distancia enorme que se pretende tapar con mentiras y con cómplices salvavidas de plomo como es la corruptísima tríada de la central obrera más numerosa. Al cierre de estas líneas aún no hay fecha de paro nacional, aunque cacareen que será entre tal y cual día, pretenden estirarlo lo más que puedan, pese a que casi viven en hechos la famosa frase de su líder de que los trabajadores irán con sus cabezas. Tanto al gobierno, como a la CGT, deberían servirles de advertencia las tres movilizaciones de marzo, todas ellas multitudinarias.

La marcha docente del 6, la movilización del 7 y el paro de mujeres con movilización del 8 implican en sí mismas que el pueblo sigue su búsqueda, que ha entendido que tomar las calles es una de sus tantas herramientas de lucha, que los problemas que atraviesan al tejido social son variados, materiales y que cualquier convocatoria es una buena razón para salir del quietismo en el que pretenden acorralarnos con cada una de las medidas de gobierno. Y aquí el peligro que bien olfatea la dirigencia del partido burgués por excelencia: el peronismo. No es casual que un sujeto como Duhalde haya salido de su madriguera para aparecer frondosamente en todo y cualquier espacio público que se ponga a tiro. Duhalde, el “negociador” del aterrador diciembre de 2001, el que llegó como bombero para apagar el incendio que provocara otro radical, De la Rúa; el que sacó de la galera a un candidato que llegara para apaciguar, repartir algunas migajas y lavarle la cara a todos los impresentables de aquel momento reapareció insistentemente como un símbolo… No se sabe si para apretar al gobierno o para emerger nuevamente como figura de recambio ante una situación similar a la de 2001. El tiempo dirá cuál es el papel que le tiene reservado la clase dominante ante la proximidad de un estallido social de envergadura.

Lo cierto es que, dada la situación actual, si deciden reprimir la protesta social corren el riesgo de que las masas se tornen en ingobernables, algo que queda expuesto con la no implementación del mamotreto antipiquetes de Bullrich. Y si no reprimen, tampoco podrán parar el creciente descontento manifestado multitudinariamente en las calles. Están en una encrucijada de la que no sólo no pueden salir, sino que tampoco los encuentra con figuras de recambio creíbles para atenuar o taponar el conflicto. Y uno de los antecedentes que deberían recordar de la temida repetición de un diciembre de 2001 es que cuando el pueblo salió a la calle no lo paró ni siquiera el estado de sitio… La desesperación tiene múltiples expresiones: las amenazas de muerte a los hijos y el nieto de Baradell, la ola de “voluntarios” para reemplazar a los maestros encabezados por un represor del Batallón 601, Mariano Bronenberg, y sostenidos desde un call center con twiteros asalariados, los aprietes a los maestros y directivos escolares enviados por whatsapp y los escritos oficiales intentando amedrentarlos con listas negras confeccionadas por sus propios pares hablan por sí mismos de su debilidad, de su caída al abismo pisando su propia legalidad para derrumbarse en prácticas absolutamente reñidas con “la república y la democracia” pregonadas a viva voz por personajes ridículos y siniestros como Carrió. Apelar a un represor del Batallón 601 ni siquiera llega al status de provocación, apenas si es un manotazo de ahogado a alguno de sus socios fascistas confesos, impresentable para una sociedad que reniega de ellos al punto de perseguirlos por décadas con los juicios por la memoria. Lejos de la política, cerca de la estupidez, intentaron frenar el paro docente, las movilizaciones masivas y las expresiones de rechazo popular que ellos mismos siembran con creces cada día. El andamiaje de aprietes mafiosos duró apenas pocas horas, se transformó en el hazme reír de las redes sociales que a la velocidad de la luz sacaron a relucir los antecedentes de Mariano Bronenberg, las grabaciones que mandaban por whatsapp, los comunicados oficiales que hacían llegar a los distritos escolares exigiendo listas de huelguistas. Ni siquiera faltó un docente que denunciara que si metían a sus inexistentes “voluntarios” en las escuelas cometerían un liso y llano DELITO, lo cual animó a más de un directivo a negarse por escrito a abrir las escuelas para dejar entrar a los cualquiera con que estos ineptos pretendían carnerear el paro docente. Eso es debilidad: ni la inescrupulosidad a todo volumen le sirvió al gobierno cuyos servicios de inteligencia trabajaron a destajo y en vano las veinticuatro horas del día.

Tampoco es una expresión de fortaleza mandar al presidente a inaugurar el ciclo lectivo en una escuela siniestrada por un alud, terminada a los apurones unas horas antes para ser el escenario “elegido” para Macri en una provincia que estaba en pleno paro docente y ante otro de los impresentables gobernadores de Cambiemos, el radical Morales, cuyo mandato cada día es de más dudosa legalidad. Montaron un escenario tan hipócrita como todos los montajes que los caracterizan y ni siquiera pudieron disimular el rechazo que hasta los niños manifestaron, cuyas imágenes se viralizaron por lo absurdas e hilarantes. Han perdido no sólo credibilidad, sino seriedad. El miedo a las masas movilizadas los empuja a cometer furcios y crear fantasmales escenas de un país que no es, que no existe y que, para su desgracia, pocos creen. Y en el campeonato de los furcios también entraron los dirigentes de la tríada cegetista en cuyas cabezas ni rondaba la idea del paro: los nervios de los oradores, la metida de pata de Daer cuando sostuvo que largarían el paro “antes de fin de año” por lo cual fue abucheado a mansalva y las caras de desconcierto en la escalerilla por donde se suponía bajarían rápidamente fueron un festín para los trabajadores indignados y hartos de tanto corrupto suelto, especialmente aquellos que se erigen como sus representantes.

Sueña Dujovne, Ministro de Hacienda, con que aumenta el empleo, delira cuando pretende, nuevamente, engatusarnos con un nuevo “segundo semestre”. Se le cae la estantería al gobierno y la dirigencia del Partido Justicialista no sabe cómo atajarla, peleados entre ellos como están. Sin embargo, sabemos que más tarde o más temprano terminarán acordando a espaldas de las masas, sacando de la galera un nuevo personaje y aplicando la histórica consigna de que para un peronista no hay nada mejor que otro peronista, mientras intentarán arrastrar a sus bases desconsoladas por la dispersión a una nueva aventura populista que calme los ánimos y reduzca su movilización y descontento hacia una nueva esperanza, que no dejará de ser una nueva mentira. Pero los tiempos se acortan: lo que antes duraba años, ahora apenas si dura días… Sueñan los dirigentes peronistas barajando nombres, sueña Massa si cree que lo siguen los mismos que antes… sueñan unos y otros, se hacen los rulos, se devanan los sesos: ¿Cómo parar a los trabajadores sin un baño de sangre que no se sabe cómo terminará?

Mientras, nosotros, trabajadores y pobres, con más voluntarismo que seguridades, vamos andando el único camino posible: el de la lucha en todos y cada uno de los frentes. A tientas, con nuestras limitaciones, sin superar las divisiones que nos separan avanzamos en masa, miles y miles codo con codo. Son momentos para repensarnos, para dejar de lado las rencillas de entre casa, para olvidar los insultos que pululan entre unos y otros, para abandonar los dedos acusadores porque unos son “globoludos”, otros “k” y otros los “culpables” por su voto en blanco, todas nimiedades a la hora en que han llegado por nosotros. Es momento de recordar las sabias palabras de Martin Niemöller:

Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada”.

Dice un viejo refrán que en el andar del carro se acomodan los zapallos… Debemos seguir andando. De nuestras luchas surgirán los dirigentes dignos, paridos por nuestras propias filas seremos capaces de encontrarlos, fortalecerlos, acompañarlos. No existen procesos de unidad logrados sólo con voluntarismo y sumatorias de sellos: la unidad surge al calor de la lucha, de compartir la esperanza, de construir la confianza en nosotros mismos y en los mejores de nuestra clase. Y los hay. El 24 de marzo, fecha fatídica en que asumía la dictadura más sangrienta y genocida de Latinoamérica que llevó a la muerte lo mejor de una generación, lo más generoso y abnegado, saldremos a la calle masiva y nuevamente. Honrar a nuestros caídos está en nosotros, trasciende una fecha. Debemos transformarlos en un faro de luz sobre nuestras capacidades como pueblo, como trabajadores. Honrar a nuestros caídos, nuestros bellos hombres y bellas mujeres es continuar su lucha, reflejarnos en ellos como en el mejor espejo de nuestra historia, reivindicarlos levantando sus banderas, aprendiendo de ellos su generosidad y entrega.

30.000 compañeros desaparecidos ¡PRESENTES! ¡AHORA Y SIEMPRE! ¡HASTA LA VICTORIA FINAL! ¡VIVA LA REVOLUCIÓN, VIVA EL SOCIALISMO, NUESTRA ÚNICA SALIDA!

11 de Marzo de 2017

Amanda Cánepa